La venganza de Damián


1º parte

Hace mucho tiempo nació un niño, su nombre era Damián, el lugar dónde ocurrió su historia no es relevante pero sí la historia que le correspondió vivir, le tocó vivir en un entorno en el que le hicieron mucho daño y sufrimiento.

En su colegio se reían de él porque tenía un problema neurohormonal, como consecuencia, padecía obesidad. Todos los niños se reían de él cada día, diciéndole insultos como “gordo”, “bola de cebo”, “tocinito” y un sinfín de sinónimos de desprecios. Y como era normal, Damián llegaba todos los días llorando a casa.

Poco después de que cumpliera 13 años, sus padres murieron en un accidente de avión por lo que el pobre Damián quedó a manos de su abuelo. Éste era un viejo alcohólico y se pasaba todas las noches pegándole, hasta que un día abusó de él. El pobre chico escapó de la casa de ese individuo después de clavarle un cuchillo en el estomago. Tras unos días de lo sucedido Damián fue detenido y llevado a un correccional por un delito que, realmente fue por defensa propia, hecho que los jueces no tomaron constancia de ello debido a la falta de pruebas, condenándolo por intento de homicidio.

En el correccional pasó los peores años de su vida, rodeado de niños de su edad que estaban todo el día delinquiendo y haciéndole  a Damián la vida más difícil de la que podía soportar.

Por otro lado las chicas únicamente le hacían caso para burlarse de él. Todo el mundo se reía de él. No tenía amigos, ni familiares, se encontraba sólo; un día amargado de su situación, en un momento de soledad y, por qué no, de cobardía, se dispuso a cortarse las venas en la ducha.

En ese momento apareció de la nada un hombre con un traje rojo. Le propuso a Damián que si él quisiera podía vengarse de TODOS los que le habían hecho daño, en algún momento de su vida. El chico aceptó sin dudas alguna ese pacto, pero le preguntó que tenía que hacer a cambio, el hombre del traje rojo solo le dijo que la única condición era de que se vengara de TODOS sin dejarse a ninguno fuera de la lista. Damián aceptó tras unos minutos de reflexión. En ese momento el hombre del traje rojo se acercó a él y le tocó con el dedo índice la herida del corte de Damián y de repente la herida se fue cerrando rápidamente dejando sólo una cicatriz, una cicatriz roja, como símbolo del acuerdo pactado entre Damián y aquel hombre extraño.

Después aquel hombre se esfumó en una nube de polvo y Damián se sentía diferente, con más fuerzas, con poder, y con ese poder, sed de venganza.


2º parte

Damián se sentía indestructible y esa sed de venganza iba aumentando por cada instante que pasaba. Lo primero que dispuso a hacer tras escaparse con aquella facilidad del orfanato era vengarse de las personas que le condenaron a estar en él, primero a su abuelo, luego a los dos policías que le detuvieron y finalmente al juez que proclamó su sentencia;  con sus poderes les arrebató sus vidas, aunque nadie supo enlazar los crímenes y las autopsias concluyeron que sus muertes fueron por muerte súbita.

Pero Damián no estaba saciado, sus ansias, sus amarguras y su dolor no disminuían, sino todo lo contrario, aumentaban.

La quinta persona de la que se vengó fue un profesor de primaria de Damián. El profesor en vez de poner orden y evitar que los niños se rieran constantemente de Damián, los incitaba a que continuaran con sus burlas y un día, en medio de burlas eternas, el pequeño Damián se orinó encima y éste, en vez de darle su apoyo y llamar a sus padres para que lo recogieran, se burló más de él y le castigó haciendo que permaneciera en la clase con los pantalones mojados hasta que terminase el día de clase.

Con un sencillo ademán, Damián hizo que se reventara una de las ruedas del profesor en las afueras de la ciudad del profesor, a unos kilómetros donde vivía ya que vivía en una casa de campo alejado de la ciudad. A la mañana siguiente encontraron al profesor ahorcado en uno de los árboles que había junto a su casa. Una vez más, la policía no encontró pruebas para culpar a nadie, salvo una pequeña quemadura en el brazo izquierdo con forma de triángulo, pero el veredicto de los médicos forenses fue el de suicidio. Pero Damián no estaba tranquilo, seguía con ese malestar.

Los siguientes en su lista, fueron los compañeros de colegio que hicieron de su infancia, de sus días de primario en un auténtico infierno. Sobre todo eran cuatro alumnos de su clase que aumentaron sus burlas y crueldad cuando murieron los padres de Damián. Tuvo suerte porque comprobó que esos cuatro alumnos aún seguían siendo amigos; y los encontró que estaban en una discoteca que había en el polígono con algunas de las chicas que, también eran de su quinta en el colegio.

Damián sobrevoló los alrededores de la zona, esperando el momento idóneo para cometer su venganza y una vez que estos salieron, los divisó conduciendo a las afueras, de regreso a la ciudad. Misteriosamente los dos coches cayeron por el barranco, todos murieron, salvo una de las chicas que no pertenecía al grupo del colegio. Este accidente, fue obra de Damián, pero la policía llegó a la conclusión que fue un accidente por culpa del exceso de alcohol que llevaban en sangre.

Pero Damián seguía con ese malestar, y llegó un momento que ya apenas comía y dormía, sólo tenía un pensamiento y era el de venganza.


3º parte

La siguiente venganza la tenía enfocada hacia el orfanato en donde ingresó por el supuesto intento de homicidio de su abuelo.

Estuvo pensando en la manera de vengarse de todos ellos, de todos los que estuvieran en ese orfanato y en vez de ir por cada uno por separado, decidió ahorrarse trabajo y hacer explotar aquel lugar por los aires. En las noticias dijeron que la explosión fue originada por una rotura de una tubería de gas natural en el patio que comunicaba la cocina y el despacho del director, el cual estuvo fumando en ese momento, por lo que originó la explosión, sólo se salvaron, casualmente, los últimos niños que fueron ingresados.

Las venganzas que hacía Damián hacia las personas que le hicieron daño en algún momento de su vida no les hacía sentirse mejor. Las venganzas continuaron, unas veces intentó hacerles sufrir a sus víctimas hasta que expulsaran sus últimos soplos de vida, otras las carbonizó pero no le hacía sentirse mejor.

Tenía un sentimiento de malestar, un vacio que iba aumentando día tras día, se le venía a la mente millones de preguntas y sentimientos ambiguos, pero no entendía por qué todas esas personas quisieron hacerle sufrir y por qué no mejoraba ese vacío y malestar con la venganza, con la muerte de esas personas. Se sentía confuso, resentido, deseaba con todas sus fuerzas la paz, pero no la estaba consiguiendo, sino que, sentía que cada instante que pasaba, estaba más lejos de ella.

A Damián se le había cambiado el rostro, quizás las huellas de cada venganza, se le apuntaron los colmillos, sus ojos se estaban volviendo de color negro carbón, incluso su media melena castaña se estaba tostando en un negro marfil. Pero él no se daba cuenta de esos cambios paulatinos, él sólo estaba pendiente de la próxima venganza.

En una de las pocas veces que conseguía dormir, tuvo un recuerdo en forma de sueño. De pequeño tenía una amiga, Nuria, con la que jugaba todas  las tardes cuando terminaba el colegio. Un sábado por la tarde estuvieron jugando arrojando piedras al lago, Nuria tropezó con las raíces que sobresalían de un árbol y sin querer empujó a Damián y éste cayó al lago. Se podría decir que ese accidente fue el origen, el comienzo, en que todos los niños del colegio se rieran de Damián. Desde ese día no se volvieron a ver, hasta el día de hoy, día en que Damián tenía decidido que Nuria fuese la próxima persona de su larga lista de venganza.

Esta vez no tenía nada planeado, únicamente, una vez que la encontró, se acercó a su casa y pegó al timbre. Nuria abrió la puerta, tenía el mismo rostro y la misma mirada que tenía de pequeña, tan bella, se dijo Damián a sí mismo.

Entonces Damián, sin pensarlo dos veces, la agarró con una mano el cuello para estrangularla, con la otra tenía un gran cuchillo, Nuria se quedó mirando a los ojos de Damián y, cuando se cruzaron sus miradas, Damián soltó el cuello de ella y marchó corriendo, arrojando el cuchillo al suelo. No pudo vengarse de ella.


4º parte

No pudo vengarse de Nuria pero no desistió, lo volvió a intentar; esta vez decidió usar sus poderes, no quería que sus ojos volvieran a chocar con los ojos de ella.

Nuria fue en coche hacia el centro comercial que había en el pueblo de al lado, la carretera comarcal estaba solitaria, extraño siendo la hora que era. Damián recordó que en esa carretera siempre pasaban rebaños de corderos que se escapaban de la granja, así que decidió liberarlas y enfurecerlas para provocar un accidente.

Y así lo hizo pero, en el momento en que el coche cayó por el arroyo y caer al pantano, Damián fue rápidamente en su ayuda. Cuando la rescató y Nuria volvió a estar consciente, el cielo nublado se despejó, y los rayos del sol bañaron la escena en que se encontraban ambos. El rostro de Damián volvió a su normalidad, salvo la mirada negra de Damián que estaba cada vez más remarcada.

Nuria abrazó fuertemente a Damián con las lágrimas resaltada, estaba muy agradecida por salvarla, aunque ella no supo en ese momento que fue él quien provocó el accidente. Damián la dejó en un lugar a salvo mientras llegara la ambulancia y luego marchó.

Decidió perdonarle la vida a Nuria, porque por más que lo intentase no podría hacerlo, el problema era el pacto que firmó con el hombre del traje rojo, el cual tenía que vengarse de todas las personas que le hicieron sufrir en algún momento de su vida.

Su siguiente venganza fue al hermano de su padre, que tras la muerte de tal, desapareció del pueblo y de la ciudad, con toda la herencia que le habían dejado sus padres. Damián lo localizo en la ciudad de al lado pero esta vez no quería no quería vengarse de él matándolo sino algo peor que la muerte para él, palabras que recordaba que dijo alguna vez su tío. Al día siguiente, su gran empresa internacional, cayó en la quiebra por asuntos de estafas estatales y el tío de Damián fue encarcelado en la cárcel.

Esta vez Damián si se sintió mejor pero aún tenía un gran dolor y, junto a ese dolor, tenía más sed de venganza.


5º parte

Su siguiente venganza estaba centrada en aquellos médicos que no pudieron salvar a sus padres, ellos no tuvieron culpa puesto que, hicieron todo lo posible para salvarlos pero aquello no le importaba a Damián, sólo quería vengarse por la soledad y dolor que le provocó la muerte de sus padres. Los dos médicos fueron asesinados por un hombre que perdió un brazo por una complicación en una simple operación en una vena del brazo izquierdo, lo que conllevó a tener que dejar el trabajo y poco a poco a su ruina; claro está que, en realidad detrás de todo esto, estaba Damián.

Damián pensó que, a pesar de haberse vengado de todas esas personas, él no se encontraba mejor y estaba cada vez más triste y la sed de venganza se estaba convirtiendo en más dolor y en un vacío cada vez más descomunal. Su sed de venganza estaba flaqueando y se estaba evaporando, momento en el que apareció por segunda vez.

Damián le comentó al hombre del traje rojo que quería terminar con todo esto, que ya había terminado con todas las personas de las que se quería vengar y que el dolor seguía en él y cada vez le hacía más daño. El hombre del traje rojo le dijo que aún había una persona que le quedaba por vengarse, que cuando le quitara la vida a esa persona se sentiría mucho mejor; también le dijo que si se tenía que llevar con la venganza a alguien que no estaba en esa lista no había ningún problema, aunque se tratase de una niña de cinco años, incluso era mejor, pues tendría más personas en su mundo.

Se le vino la imagen de Nuria, pero él no quería matarla, lo que ocurrió cuando eran pequeños fue un accidente y no merecía la muerte ni tan siquiera, venganza. Pero un pacto es un pacto y lo tendré que cumplir, pensó para sí mismo. No había ninguna manera de romper el trato ya que le esperaría unas consecuencias terribles si no lo cumplía.
 

6º parte

Como otra noche cualquiera no pudo dormir, permaneció todo el crepúsculo metido en la bañera, pensando en lo que estaba obligado a hacer al día siguiente puesto que, el hombre del traje rojo, le dio un par de días para terminar la venganza.

Cuando amaneció fue hasta la casa otra vez, con el propósito de acabar con todo esto, Damián pegó al timbre y le abrió una niña de 5 años.

-          Hola, ¿quién eres?, dijo la pequeña.
-          Soy Damián, un amigo de tu madre.
-          ¿Tú eres Damián?, muchas gracias por salvar a mi mamá. La niña lloró mientras abrazaba a Damián.

La dificultad de arrebatar la vida de Nuria aumentó cuando se encontró a esa pequeña delante de la puerta, sí antes se veía incapaz de hacerlo, ahora era peor porque él sabía que Nuria no se lo merecía y mucho menos la pobre niña dejarla sin madre, que seguro que crearía un gran molestar cómo él sintió cuando perdió a sus padres.

Damián estaba esperando en la cocina, mientras que Nuria terminaba de ducharse, Laura, la hija de Nuria, le estaba acechando con cientos de preguntas como si tuviera delante a un superhéroe, pero estaba delante de Damián, quien originó el accidente de su madre, quien tenía el encargo de quitarle la vida a su madre y en el peor de los casos, también la de Laura.

Nuria apareció y volvió a dar las gracias a Damián, le invitó a un café en su casa, mientras pidió a su hija que se marchase a jugar a la videoconsola mientras los mayores charlaban.

La cocina era como rústica y encima de la mesa estaba el periódico del pueblo cuya portada era la del asesinato del día anterior de los dos médicos, Damián no podía apartar la mirada a la imagen. Nuria, tras ver que Damián fijó la atención a la noticia, inició una conversación de la misma.

Nuria le comentó que veía injusto y cruel el asesinato de estos médicos, ellos le salvaron la vida a ese hombre porque cuando tuvo el accidente laboral tenía un estado bastante crítico y en vez de darle las gracias, lo asesinan. Damián empezó a ponerse pálido y se despidió de Nuria, le dijo que tenía que recoger algo en el centro comercial y ya mismo cerraba la tienda.

Damián sentía la urgencia de estar sólo, empezó a sentirse mal, pero ese malestar era distinto al que había tenido hasta tiempo atrás. Tras las palabras de Nuria  comprendió que los médicos no tuvieron la culpa de que sus padres murieran, ni del juez por encerrarlo en un correccional por la falta de pruebas, ni los encargados de éste porque tenían que actuar de esa manera porque trataban con jóvenes problemáticos y delincuentes y, los demás, aunque fueron crueles con él, tampoco eran culpables, eran sólo niños y los niños son así. Pero, a pesar del daño que les pudieran haber hecho a Damián, él no era nadie para comenzar una venganza y despojarle de sus vidas como lo hizo.


7º parte

Damián pensó que quedaba Nuria para cerrar el pacto y terminar con este dolor, pero no podía hacerlo, ella no merecía eso, merecía lo mejor. Desde su reencuentro con ella estuvo abriendo los ojos y dándose cuenta de que la venganza no iba a quitarle el dolor, al revés, estaba aumentando. Su conciencia despertó en el momento del cruce de miradas entre Nuria y él y con ese despertar, los sentimientos de culpa por todo el daño que había cometido desde que hizo el pacto con el hombre del traje rojo.

La noche del mismo día que estuvo en casa de Nuria, visitó cada una de las tumbas de las personas que Damián se vengó, colocando sobre cada una de ellas dos rosas, una negra, simbolizando  de alguna manera el arrepentimiento de sus actos y otra blanca, representando el deseo de la paz eterna para esas almas torturadas por sus propias manos.

Estuvo dando vueltas por el cementerio hasta que se paró en las tumbas de sus padres, no recordó que estaban allí, y nunca las había visitado. En ellas arrojó dos rosas blancas y permaneció sentado en ellas haciendo una recopilación mental de su vida, reflexionando sobre sus actos, su actitud hacia la vida, y entonces comprendió todo. Se dio cuenta de lo que tenía que hacer para que su dolor desapareciera y cerrar por fin ese pacto con el diablo sin tener que reclamarle nada a éste y lo más importante para él en ese momento, sin hacer daño a Nuria ni a su hija Laura.

Comprendió que, realmente, la persona que le hace tener tanto dolor en su interior no había sido ninguna de las personas de las que se vengó. La única persona que tiene la culpa de aquel malestar era él mismo. Culpa por no superar la muerte de sus padres, culpa por no querer afrontar sus problemas y seguir la vida hacia delante, culpa de culpabilizar a los demás de sus propios problemas.

Ya sabía cómo acabar con todo esto, para que nadie más saliese dañado así que, agarró el cuchillo con el que intentó matar a Nuria, y encima de las tumbas de sus padres se lo clavó en el corazón, acabando así con su vida, cerrando el pacto con el hombre del traje rojo, acabando con su gran dolor. Antes de que muriese se lamentó de no recurrir a esta medida antes, puesto el pacto con el hombre del traje rojo era vengarse de quienes le hizo sufrir, y en realidad él único que le hacía sufrir era él mismo. Su último pensamiento e imagen fue el de Nuria, viviendo feliz.

Lo que nunca supo Damián que una parte de la oscuridad de su corazón se debía por la soledad, por la falta de un amigo, por la ausencia del cariño.

Lo que nunca supo Damián que tenía una amiga, Nuria, que estaba dispuesta en llenar ese vacío que tanto le atormentaba.

Lástima que todo ya terminó para Damián.



Fran Frannao