El Ladrón de Recuerdos


Estaba yo dormido con mi pareja y de repente se abrieron las ventanas, mi novio ni se inmutó del golpe. Observé que había una sombra negra que se acercó a mí y me echó su aliento, dejándome inmóvil, sin poder, tan siquiera, gesticular ni una sola palabra para pedir auxilio a mi novio.

Curiosamente, parecía que no tenía propósito de hacernos daño, yo estaba bastante asustado, mientras que mi chico no era consciente de lo que pasaba, quizás estaba también afectado del veneno del espectro. La sombra se dedicó a coger las fotos que teníamos en la habitación y se las comía. 

Cuando aparecieron los primeros rayos del sol, la sombra se desvaneció y junto a ella, cuatro fotos que nos hicimos recientemente en un viaje.

Por la mañana, cuando se levantó mi novio, le conté lo que sucedió, y tras una risa prolongada, me comentó que nunca hicimos tal viaje y que no hiciera tanto caso a mis sueños pues un día me volvería loco. Pocos segundos después olvidé por completo los detalles del supuesto viaje y, tras meditarlo intensamente, supuse que él tenía toda la razón y que me lo imaginé todo en mis sueños. Pero lo que no encajaba en mi puzzle, eran los marcos vacíos de las fotos, ¿por qué teníamos cuatro marcos sin ninguna foto?

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A la siguiente noche, no me podía dormir, una parte, por el calor que hacía, y por otra, no dejaba de darle vueltas a lo que ocurrió la noche anterior. Tras varias horas sin poder conciliar el sueño, me levanté y me fui hacia el balcón para fumar un cigarro y cuando estaba a punto de consumirse escuché un ruido en mi dormitorio y me dirigí hacia allí y nuevamente vi aquel espectro que me visitó la noche anterior, y corrió, más bien voló, hacia mí y me atacó otra vez, esparciéndome su aliento y caí al suelo sin moverme.

El espectro continuó con su cometido, empezó a devorar otras fotos, esta vez engulló foto por foto de un álbum que me hice con unos amigos cuando nos fuimos de camping. Mientras las devoraba recordé que en ese fin de semana fue cuando me reconcilié con un amigo que no nos hablábamos durante años por una tonta discusión.

Por la mañana me despertó mi novio, me encontró tumbado en el sueño y le conté que me había desmayado por el calor, no creí oportuno hablarle sobre lo ocurrido ya que la noche anterior se rió de mi, si le contase que me ha vuelto a pasar pensaría que me estaba volviendo loco de verdad.

Después de que mi chico comprobara que estaba bien, marchó a trabajar; yo me di una ducha y desayuné mientras le daba vueltas a esta extraña situación.

No sabía si lo que me estaba sucediendo era real o producto de la ola de calor, o que, realmente me estaba volviendo loco, así que para comprobarlo, busqué la agenda de teléfono y llamé a mi amigo para almorzar juntos. Me quedé atónito  con el desprecio con el que me trató, parece ser que nunca nos reconciliamos y ni tan siquiera hicimos esa escapada al camping aquel fin de semana.

¿Qué me está pasando? Sé que ese fin de semana fue real, pero, ¿por qué no ya no lo recuerdo con la misma nitidez que anoche?

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Ya habían pasado varias semanas y como no, mi visitante nocturno nunca faltaba a su cita para devorar mis fotos y con ellas, los recuerdos colectivos de mi y de mi gente. Había probado cualquier cosa para intentar detenerlo, desde intentar pasar la noche en vela, hasta ir a una tienda exotérica pero no encontré ninguna solución.

Me resultaba curioso que sólo yo era consciente de lo que ocurría y que mi novio no se daba cuenta de que faltaban muchas fotos en los marcos. Me metí en internet y descubrí unos seres fantásticos llamados Ladrones de Recuerdos, que se alimentaban de los recuerdos de las personas para poder vivir. Son seres que no tienen alma, al igual que los vampiros; los vampiros para sentirse que están vivos beben sangre de las personas, simbolizando que están capturando el alma de las personas y los Ladrones de Recuerdos pues se alimentan de recuerdos, robando una gran parte del alma de las personas. Descubrí algo desolador, y es que no había ninguna manera de detenerlos y lo peor de todo es que no debía comentárselo a nadie por que me etiquetaría como un loco y obviamente no me creería.

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Esta noche el Ladrón de Recuerdos estaba hambriento, se comió todas las fotos que me quedaban en un álbum, desde la primera foto que me hice con mi pareja, el día que nos conocimos, hasta las fotos de nuestro viaje de lujo a México. A la mañana, cuando se evaporizó el espectro, me llevé una gran sorpresa, aparte de las fotos, desapareció por completo mi vida actual, es decir, los últimos cinco años de mi vida.

Cuando nos despertamos, quien era mi pareja, no me reconoció, pensó que me conoció esa misma noche en alguna discoteca de ambiente entre copa y copa y fuimos a dormir a mi casa. Le conté todo lo que pasó con aquel espectro y el por qué no se acordaba de mi y como era normal se asustó y salió por la puerta, sus últimas palabras fueron: ‘Lo que me faltaba, acostarme con un loco’.

Ahora me encontraba bastante mal, me encontraba sólo ante la situación sin saber como manejar la maldita situación, y tras varias llamadas, comprobé que todo mi círculo de amigos y familiares también habían retrocedido cinco años.

No comprendía nada, suerte que todo lo que estaba pasando lo iba escribiendo en mi diario, si no pensaría realmente que me estaba volviendo loco. Necesitaba contárselo a alguien para desahogarme y para que me ayudara a solucionarlo así que llamé a mi mejor amigo de la infancia.

Quedamos para almorzar, y tras almorzar fuimos a pasear por la playa y poco a poco terminé por contárselo, si hubiera sabido su reacción, nunca se lo hubiera contado.
-          No sé cómo decírtelo suavemente, creo que es mejor que te lo diga de golpe…creo que deberías ir a un especialista. Creo que no estás afrontando muy bien la muerte de tu madre, puede que lo que piensas que te está ocurriendo no sea más que una especie de mecanismo de defensa para desviar la atención del accidente de tu madre.
-          ¡Joder! Mi madre murió hace 6 años, lo tengo casi ya superado. Lo que me está ocurriendo es algo ajeno a eso, sé que una sombra negra es lo que está provocando esto y tengo que encontrar una solución antes que…
-          ¿Antes de qué…? Eres mi mejor amigo, y sabes que estoy aquí para ayudarte y creo que lo mejor que puedes hacer ahora mismo es ir a un especialista.
-          ¡No sigas! No necesito que me psicoanalices por no haber superado la muerte de mi madre, ahora mismo necesito que alguien me ayude con el Ladrón de recuerdos y no un psicólogo… ¡me voy, gracias por tu ayuda!
Estaba como al principio, sólo y sin saber como evitar esto y volver a la normalidad, lo peor de todo es que ahora mis amigos pensarían ya que estaba loco por algo que para mí sucedió hace cinco años pero para ellos sólo un año.

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Esta noche no apareció el Ladrón de Recuerdos, me resultó extraño pero a la vez aliviado, pensaba que ya se cansó de mis recuerdos y se buscó otra persona para alimentarse, pero sabía que eso no era posible, según leí en la información que encontré hace unos días, cuando aparecen no se van hasta que te roban tu último recuerdo.

Lamentablemente, mi charla con mi amigo se extendió como una mecha hacia la pólvora y, en poco tiempo, todos mis amigos ya sabían que me hacía falta “apoyo”, pensaban que tenía un problema mental, aunque ellos lo decoraban con las palabras “ayuda de un especialista para afrontar la situación”.

Lo único que tenía claro hasta el momento era que necesitaba ponerle fin a la situación antes de que el espectro terminara de devorar mis recuerdos o antes de que mis amigos y familiares me obligaran a ir a un psiquiatra.

Continué con mi búsqueda en internet de información, pero no encontraba nada que no sabía. Así que decidí ir a otra tienda exotérica por si hallaba alguna solución para acabar con mi visitante nocturno.

Fue difícil encontrar el lugar donde estaba dicha tienda, era un lugar no muy limpio y estaba algo destrozado, aún así, entré. Había una mujer mayor sentada tras el mostrador y me invitó con un ademán a que entrara y me sentara a su lado. Me dejó entender que esos seres eran muy poderosos, que existían desde el nacimiento del hombre, y que eran casi imposibles de vencer. El espectro cuando me roba algún recuerdo, éste iba desapareciendo, poco a poco, de todas las mentes de sus cercanos, así, si desapareciera algún recuerdo, desaparecía en todas las personas que compartan dicho recuerdo, y así estaba ocurriendo ahora mismo con mi vida. La anciana me dio bastante información sobre este tipo de seres pero no me dio ningún detalle de cómo detenerlo.

Cada vez me iba frustrando más, prácticamente me estaba muriendo y no podía detenerlo ni nadie me creía y veía que ya a partir de lo que me estaba ocurriendo, no volvería a tener la vida que estaba teniendo, antes de retroceder estos cinco años, antes de que aquel espectro empezase a devorar mi alma.

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Mis amigos estaban preocupados por mi y prepararon una escapada a un camping de las afueras de la ciudad. Realmente no me apetecía mucho la idea de salir, pero creo que me vendría bien, así que acepté.

En principio todo iba perfectamente, estábamos recordando viejos tiempos de nuestra niñez, como la vez que faltamos a clase para irnos al parque de atracciones y por casualidad, esperando el autobús para ir al parque de atracciones nos descubrió un profesor, esa gamberrada recuerdo que nos costó varias semanas de castigo.

Todo iba bien, incluso olvidé por un rato mi situación con aquel Ladrón de recuerdos que, poco a poco, se convirtió en algo más que una obsesión, pero todo cambió cuando fuimos a dormir. Cuando mis párpados se cerraron aparecí nuevamente en mi dormitorio y el espectro me echó su aliento infernal y me quedé paralizado, continuó devorando mis fotos, esta vez con mayor ansiedad.

De repente el efecto del veneno desapareció, me levanté y me arrojé contra aquel espectro, pero aquel espectro era inmaterial y me golpeé contra el armario. Estaba furioso y no sabía que hacer, y como una medida desesperada me arrojé por la ventana gritando “nunca más me vas a robar mi vida”.

Cuando abrí los ojos, desperté en un hospital, me comentaron que llevaba dos meses y medio en coma y que aquella noche de camping me levanté sin control, gritando, asustado, fuera de mí, y mis amigos, cuando intentaron tranquilizarme, me arrojé al precipicio.

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Ya han pasado dos semanas desde mi “ataque de locura” y en esas dos semanas seguía perturbándome el maldito espectro, pero desde aquella noche que me arrojé al vacío de aquel precipicio me condujo hacia otra desgracia. Lo que yo pensaba que era un hospital común, cuando desperté del coma, resultó ser un hospital psiquiátrico y empeorando la situación me diagnosticaron esquizofrenia.

Los médicos me comentaron que tenía que permanecer en el centro durante varios meses para hacerme numerosas pruebas para comprobar el nivel que se encuentra mi enfermedad.

Me limité a darles la razón y a no volver a mencionar nada respecto al Ladrón de recuerdos. Y cada noche en aquel psiquiátrico, cuando cerraba mis ojos volvía a aparecer en mi habitación con aquel espectro devorando mis fotos, mis recuerdos, mi vida pero ya sabía como acabar con todo esto, por fin comprendí como derrotarle y decidí llevarlo a cabo. Sabía que yo no tenía ninguna enfermedad, sino que todo esto se encontraba en los planes de aquel Ladrón de recuerdos y esperé el momento idóneo para acabar con él definitivamente.

Poco a poco me gané la confianza de los doctores y enfermeras, y les hice creer que me encontraba mucho mejor y que estaba evolucionando rápidamente. Dejaba que me hiciesen todo tipo de pruebas estúpidas, incluso reconocí que tenía tal enfermedad, haciéndoles creer que me tomaba siempre la medicación que me recetaron, cuando en realidad, las arrojaba por el váter.

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Una noche pedí al médico de turno que me dejase fumar un cigarro y como estaba prohibido fumar allí, me acompañó a la azotea del edificio para fumar. En el momento que llegué a la azotea, no le permití al médico que entrase, le robé las llaves y cerré la puerta, ésta era mi oportunidad.

Así que hice lo que dije, me encendí el cigarro y me senté en el bordillo de la azotea, esperando que aquella sombra mezquina reapareciera a su cita y así fue.

No sé por qué pero sabía que era inmune a su aliento, me levanté del bordillo y le dije:
-          Hace tiempo intenté acabar contigo pero saliste con la tuya, pero ya nunca más podrás alimentarte de mi vida, esta vez no lo permitiré.
La sombra estuvo rodeándome mientras hablaba y terminaba de fumar. Ésta vez no tenía miedo, ni estaba colérico, esta vez, tenía la situación en mis manos. Le di la última calada al cigarro y tiré la colilla al suelo y lo apagué con el pie. Me puse a dar algunos pasos acercándome al filo de la azotea mientras que el médico gritaba que no lo hiciera y el espectro se acercaba detrás de mí, volviéndose menos transparente.

Ya estaba amaneciendo, así que tenía que terminar con todo esto porque ya no tendría una segunda oportunidad. Cuando llegué al bordillo de la azotea, me subí al filo dando la espalda al vacío, mirando al espectro y entonces éste comenzó a gritar. Ya llegó el momento, con los primeros rayos del sol, el espectro por unos instantes se materializaría, así que cuando lo hizo, lo agarré con todas mis fuerzas y salté con él desde la azotea.

Cuando nos estrellamos al suelo, encontraron mi cuerpo sin vida, cubierto de cenizas. Ya por fin, acabó mi pesadilla, por fin podía descansar en paz, por fin, por fin volví a ser libre para siempre.
Fran Frannao